El Rector

¿Cómo fue que decidió dedicarse a la enseñanza? ¿Pensó alguna vez en llegar a ser rector de una universidad?

Lo cierto es que sí. Fue pensar en montar la UEB y decir: ¡Coño! ¡Esto es mío! ¡Me aplico Rector!

Luego me fueron llegando los demás cargos (Catedrático, psicólogo, responsable de reprografía, bedel, empleada de la limpieza, etc.) hasta completar un Organigrama digno de cualquier institución pública española:

“1000 puestos, uno solo que hace todo el trabajo…y mal”.

Esto ya empezó de muy pequeño, tocando con prestancia el sonajero. Y duró hasta el momento en que mis padres decidieron que ya les estaba tocando otra cosa con la dichosa maraquita y me metieron en el Jardín de Infancia, con la excusa de que ahí iba a encontrar a Margarita, la muñeca con la que jugaba por las noches.

A la edad suficiente, comencé a tocar la guitarra de aquella manera. Luego de esto pedí un timple, básicamente, porque pesaba menos que la guitarra y yo veía que en algún futuro esto iba a molestarme. Una vez que supe cómo tocar ambos instrumentos decidí que ya era hora de empezar a tocar otras cosas, llevándome mi primera cachetada seguida de un clamoroso  “¡Eres un cochino!”.

Al cabo de cierto tiempo de deambular por las calles sin rumbo fijo, descubrí que lo mío era parrandiar por los pueblos de Canarias, así que me especialicé en Romerías. Y me incorporé a varias formaciones musicales, las cuales, en vista de mi gran labor, decidieron aunar esfuerzos para poder así comprarme un pasaje a Argentina… de ida. Luego volví de Buenos Aires, con la idea de recuperar este sistema para la isla y, de paso, escapar de la presión popular… ¡que ya no soportaba tanto ruido!

Durante todos estos años nuestra insigne institución ha acercado a muchísimos alumnos el noble arte de la música, lo que, sin lugar a dudas, ha motivado un aumento escandaloso del índice de venta de libros.

De mí se dijo:

- “Con su muerte, ha llegado la música”, La Provincia

- “Es imposible que siga cantando”. Enfermera jefe de la Unidad de Terapia Intensiva del Negrín

- “Eres un cochino”, aquella chica

- “Lamentablemente, sí es posible”. Compañero de habitación en la Unidad de Terapia Intensiva del Negrín

- “Con su llegada, ha muerto la música”, Fe de Erratas de La Provincia

No hay comentarios

Deja tu Comentario