Carnaval, carnaval… carnaval, ya no te quiero como antes.
3 feb
Estamos en el año 2012 después de Jesucristo. Toda Las Palmas de Gran Canaria está ocupada por la gran ilusión carnavalera… ¿Toda? Pues mira, la verdad es que ya no.
Sí, vale, de acuerdo, a la mayoría de nosotros nos encanta poder salir de juerga siempre que se pueda o saber que hay un martes festivo de esos que dan pie a un peazo de puente. ¿Desde cuándo hace falta excusa para eso? Ahora bien, ¿te acuerdas de cómo eran los Carnavales hasta hace poco tiempo?
Si algo tenían de increíble aquellas fiestas era el ambiente que se generaba en la ciudad. Daba igual el día de la semana que fuera, siempre había gente disfrazada por la calle, en un bar o incluso en la cola de un banco. El Carnaval se vivía durante tooooooodo el día. Las ‘mascaritas’ eran las dueñas de la calle durante un par de semanas.
Las noches también eran muy especiales y el secreto, a mi entender, radicaba en que la mayor parte del protagonismo se lo llevaban los estudiantes universitarios. Recuerdo aquellas “luchas” entre las distintas facultades, que ofrecían fiestas temáticas:
- En el chiringuito de arquitectura, si vienes disfrazado de mexicano, te regalamos un tequila.
- Mejor vente al 53, que a las parejas que vengan disfrazadas de monja y cura, les invitamos a dos chupitos ‘Orgasmo’.
Por aquella época, la zona de chiringuitos podía superar los 200 bochinches, repartidos entre estudiantes y profesionales, y uno salía de lunes a lunes desde la tarde con la certeza de que siempre-siempre iba a pasárselo bien.
Sin embargo, alguien entendió que la mayor de las fiestas populares de la isla era una magnífica oportunidad para que unos pocos ganaran mucho dinero.
- Si “encerramos” el Carnaval, separamos al pueblo: aquí dentro, los que puedan pagar las copas a 4-5 euros y fuera, el resto. Negocio redondo.
Y claro. Las terrazas se llenaron, porque eran más seguras y estaban ubicadas en las mejores zonas. Y el resto del Carnaval fue muriendo. Los estudiantes, relegados a “la parte de atrás”, no hacían caja para justificar abrir el chiringuito. Desaparecieron.
- La Gala de la Reina del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria 1994, con Ramoncín. Uno de los momentos más tristes de nuestras fiestas. –
Pero no solo eso. El Carnaval también era la Verbena de la Sábana, la música independiente de cada chiringuito – no, no y no quiero que me obligues a escuchar a David Bustamante en mi Carnaval -, la Parranda Cuasquías (¡Cómo los echamos de menos!) y el escenario del parque Santa Catalina abierto al público – ¡Fuera esas gradas ya, por favor! -, etc.
No quiero que me copien más fiestas de otros lugares del mundo. Lo que yo quiero es que recuperen lo que teníamos, que era mucho y bueno, y que le añadamos iniciativas propias. Y para eso, no basta tampoco con ‘culpar a terceros’. Tenemos que poner de nuestra parte, sacar los disfraces y salir a divertirnos. Y todo esto, por supuesto, dentro de un orden y un respeto a la ciudad y a los vecinos. Creo que todo es compatible.
Así que, ¿estás preparado para una ‘parranda carnavalera’?
Continuará… ;)








